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Apartadó
Territorio de oportunidades
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Apartadó
Territorio de oportunidades

Desde el cielo se divisa un gigantesco tapete verde con figuras que semejan estrellas de anís. Son las inmensas plantaciones de banano y plátano que tapizan esta región asombrosa por su biodiversidad y ese espíritu querendón y pujante del antioqueño. 

Conocer las plantaciones bananeras en Apartadó (Antioquia), a poco más de hora y media en avión vía Satena, desde Bogotá, es el abrebocas de un viaje que nos adentra en Urabá, una zona durante muchos años estigmatizada por la violencia, pero que hoy se levanta fortalecida y determinada a convertirse en el polo de desarrollo de Antioquia gracias al turismo que puede generar por todas sus maravillas naturales.

El protagonismo del banano es tal que una de las primeras atracciones ofrecidas es la Ruta del Banano. Por algo a Apartadó la conocen como la capital bananera de Colombia y en la subregión de Urabá esta industria genera 25.000 empleos directos. El año pasado más de 34.000 hectáreas se dedicaron a su cultivo y 3,9 millones de cajas se exportaron a la Unión Europea, de acuerdo con la Asociación de Bananeros de Colombia.

En un recorrido de una hora los trabajadores de una finca nos muestran desde las condiciones que debe cumplir el terreno donde germinará la planta, hasta la pila del rechazo a la que se enfrenta la fruta si presenta manchas de madurez o cicatrices y, finalmente, su paso al embarcadero, rumbo al mercado extranjero. 

Recorrer la Ruta del Banano, algo que no puede dejar de hacerse en Apartadó, la capital bananera de Colombia.

Apartadó es una ciudad intermedia a 336 kilómetros de Medellín y por su actividad comercial, el municipio líder del Urabá antioqueño. “Llevamos 10 años de paz que Colombia desconoce, pero nosotros que vivimos aquí la tenemos y estamos tranquilos –apunta José Cabeza, presidente de la Corporación Turística Urabá-Darién-Caribe–.

“Tenemos la selva del Darién alrededor de Urabá, con el encanto del avistamiento de aves y reptiles, comunidades indígenas y ese mar de mágicos colores”, se apresura a adelantarnos este operador turístico para sumergirnos en la aventura que nos aguarda.

La biodiversidad es uno de los mayores encantos de Urabá, que además representa la salida de Antioquia al mar. Allí se conjugan diversos tipos de turismo: el etnoturismo, que estimula el compartir con culturas nativas y afrodescendientes (hay cerca de 17 resguardos indígenas en esta zona), el agroturismo o turismo rural y el ecológico.

En una de tantas bocas

Nuestra ruta de la ‘biodiversión’, como se podría llamar esta excursión en medio de naturaleza pura, continúa en Bocas del Atrato. Es otra experiencia de disfrute para los sentidos. Bañada por el mar Caribe, esta población ubicada al noroccidente de Colombia es uno de los 18 corregimientos del municipio de Turbo, en Antioquia. Un verdadero remanso de paz. Llegamos después de 40 minutos de recorrido en lancha, en medio de un sol que nos abraza y que con sus rayos estimula los tonos cambiantes del agua, que fluctúan entre el cobrizo, amarillo dorado y el verde esmeralda a mar abierto.

Ya en el lugar nos recibe Luz Enith Bravo, encargada del Centro Ecoturístico Bocas del Atrato, un santuario de flora y fauna donde se puede pasar el día o pernoctar en una posada rural con energía solar y filtros de agua que ha acondicionado esta población afrodescendiente, cuya economía se basa en la pesca.

Bocas del Atrato es el destino para quienes quieren perderse varios días. Sí, literalmente perderse, porque a este caserío de 110 viviendas asentado en la cabecera del corregimiento y en el que brillan los niños como la gran mayoría, no entra la señal del celular y está alejado de las hordas de turistas. En este centro ecoturístico se escuchan los latidos de la naturaleza.

Enamora a primera vista porque conviven aves marinas, acuáticas y terrestres, y el pueblo, asentado entre el río y el mar, está rodeado de una espesa vegetación que parece arrullarnos con los cantos de aves como el Bucco noanamae, una de las especies endémicas que alientan la visita de extranjeros junto con la Chauna chavarria. Con las garzas, ibis, tucanes y loros nos dan un concierto exclusivo durante la hora que dura el recorrido por Madera Atrato, uno de sus tantos hidrosenderos ecológicos.

Bocas es solo una de las varias desembocaduras del Atrato. “Son siete las principales de este río considerado el más caudaloso del mundo con respecto a su longitud”, explica Catalina Gaviria, ecóloga de zonas costeras y quien elaboró una miniguía para los amantes del avistamiento de aves que acuden allí para congelarlas en fotos.

Remberto Bello, nuestro guía y quien conduce la canoa que atraviesa el hidrosendero, sucumbió a los encantos de este corregimiento hace 15 años cuando a la espera de que el mar se tranquilizara hizo una pausa en su viaje de regreso a Quibdó, la capital de Chocó. El mar se apaciguó, pero Remberto se quedó.

Él de repente interrumpe su relato para alertarnos de la presencia de un jaguar. Un silencio tenso reina por segundos, pero se rompe con su oportuna y graciosa aclaración: ¡Tranquilos que el jaguar ya almorzó!”. Se ríe con picardía y dice que si bien las huellas parecen frescas no es probable que el depredador esté cerca y menos que se meta con los humanos. No sé por qué le creemos, pero recuperamos el aliento y volvemos a sumergirnos en el silencioso recorrido.

Remberto y otros pescadores están aprendiendo a vivir de la apicultura, un oficio reciente para estos campesinos que velan por la conservación de los imponentes manglares que abrigan sus humildes viviendas de madera y zinc. Tienen una conciencia inspiradora del valor de su ecosistema. Ellos no cuentan con acueducto, usan letrinas y cocinan sus alimentos con agua lluvia. Y a cada turista le piden que lleve una bolsa para que la basura que genere la deje a su regreso en Turbo.

Y son recursivos. Se dieron cuenta de que las abejas africanas producen una deliciosa miel a partir del néctar de las flores de los manglares y aprendieron a trabajar con ellas a pesar de sus embestidas. Remberto ha recibido más de 28 picaduras. “Quedé vacunado y ya me respetan”, apunta con humor e insiste que aprendió a convivir con sus socias, pero por seguridad mantienen el apiario alejado del caserío.

La población de Bocas del Atrato es afrodescendiente y su estilo de vida está más asociado al Río Atrato y al Chocó, aunque son antioqueños. 

Tras disfrutar un suculento almuerzo típico de la región (anchoa, arroz con coco, patacón y aguapanela con limón), partimos a Simona del Mar, Centro Ecoturístico y de Convenciones a 10 minutos de Turbo en carro y enclavado en medio de un bosque tropical. Pavos reales, perezosos y guacamayas entretienen a los visitantes de esta posada ecológica que tiene como otro de sus atractivos su deliciosa gastronomía en la que, por supuesto, no pueden faltar el plátano y el banano.

Los sirven en cualquier cantidad de presentaciones. Simona es a donde se escapan los enamorados para ver una puesta de sol y las familias que desean pasar unos días en las playas La Martina, vía Necoclí.

Una perla de oportunidades

Precisamente en Necoclí –conocido como La Perla del Golfo de Urabá y que fue uno de los primeros asentamientos de los españoles en América–, no se sabe qué sobrecoge más: si sus paisajes o ese talante de su gente. Sorprenden los ejemplos de emprendimiento. Jaime Franco es uno de ellos. Dueño del hotel Kaluwala, llegó como juez a este municipio urabaense hace 14 años.

“Aquí operaba el bloque Elmer Cárdenas de Urabá. Fue una época triste. Pero con la desmovilización y la presencia del Estado, la situación cambió completamente”, recuerda Franco, quien renunció a su trabajo y decidió montar un hotel en esta tierra de oportunidades. Así nació Kaluwala, que significa territorio sagrado y rinde homenaje a las comunidades indígenas olo tule y la zenú olo, asentadas en la región.

En Necoclí se comprueba que la belleza natural de Urabá es vasta, exuberante. En aguas del mar Caribe reposa la ensenada de Rionegro, donde llegan los peces a desovar. Localizada a 18 kilómetros del casco urbano de este municipio, es una sala cuna de peces, crustáceos y moluscos y un banco de ostras de gran calidad, que crecen en las raíces de los mangles rojos y colorados. El lugar perfecto para detenerse a mirar al horizonte, respirar con calma, y nada más.

Los pescadores, para descansar de sus correrías diarias, construyeron un ranchito con palos de madera y una cocina rudimentaria. Allí se detienen a ver pasar el tiempo sin afanes, como lo hicimos nosotros hasta que nos sorprendió una patrulla de la Armada Nacional. Las operaciones de control marítimo son un trámite regular en este punto que se convirtió en un corredor hacia Panamá de inmigrantes ilegales de Cuba, Haití, África y otras partes del mundo.

Verificada nuestra nacionalidad y lo que hacíamos allí, proseguimos nuestro viaje hacia La Marimonda, una extensa ciénaga a 45 minutos en carro, desde zona urbana de Necoclí. A este tesoro natural se llega después de 15 minutos de caminata desde la vereda Marimonda. Reina el silencio hasta que entran en escena las aves acuáticas, la guacamaya ara macao y los monos araña, aullador y tití. Los grandes espejos naturales de agua dulce en los que se refleja el azul del cielo y la vegetación circundante regocijan el alma.

Para cerrar el día, resulta toda una terapia escuchar los relatos de un grupo de campesinos que cristalizaron su sueño de tener sus cabañas ecoturísticas. Son habitantes de la vereda El Carlos.

Estos abuelos, en su mayoría, confirman que para perseguir los sueños no hay edad. El más joven bordeaba los 50 años en 2004 cuando empezaron a luchar por su proyecto ecoturístico.

Hoy, estos 17 hombres recuerdan con alegría lo que es quitarse un gran peso de las espaldas. “Nos sentimos muy satisfechos de volver a la legalidad porque cuando uno está en cosas ilícitas vive sobresaltado. Se siente muy atacado por la conciencia”, dice Francisco Meneses, sentado a la entrada de su Centro Ecoturístico y Arqueológico, que está a 3,5 kilómetros de la zona urbana.

Ellos forman del parte del programa de sustitución de cultivos de coca por plátano, ñame y yuca. “Da menos plata, pero vive uno más tranquilo”, recuerda Francisco. Este proyecto de turismo autosostenible, que nació con el apoyo de la Asociación Guardagolfo y Naciones Unidas, está enclavado en una montaña y tiene el único hotel en su género con museo arqueológico. Como parte de los planes ofrecen una caminata ecológica y ascenso a un mirador desde donde se contempla el Golfo de Urabá en todo su esplendor.

Volcanes terapéuticos

La siguiente estación es Arboletes (Antioquia), a una hora de Necoclí en carro. Está en la denominada ruta del mar, volcán y bullerengue. Por supuesto, uno de sus grandes atractivos es el volcán Arboletes, donde se practica la lodoterapia.

En Arboletes (Antioquia) puede darse un baño de lodo, como lo hizo Emilie Vaucamps.

De sus beneficios contra la artritis, problemas circulatorios y el estrés saben al otro lado del charco. Julien Bertoloti y Emilie Vaucamps son una pareja a la que sorprendemos jugando en esta piscina de lodo. Pero ¿qué hace este par de franceses en Arboletes y con el lodo hasta el cuello? Leyeron del sitio en una guía de viajes y no lo pensaron dos veces. “Queríamos descubrir un poco más de este maravilloso país que es Colombia”, apunta Julien.

Estos educadores ambientales llevan tres meses viajando por Colombia y se declaran maravillados “con los sitios vírgenes y no tan llenos de gente como este”, dice. ¿Cuánto tiempo se quedarán en el lodo?, les preguntamos. “Más o menos unos dos días. ¡Nooo, ya voy a salir!”, grita Julien en broma desde el ojo del volcán que escupe una gran burbuja de lodo y lo voltea provocando la burla de Emilie.

Su próximo destino, al igual que el nuestro, es Triganá (Chocó), la ruta final de nuestro recorrido por este territorio repleto de tesoros naturales que comienzan a salir poco a poco a la luz.

Triganá es sinónimo de las tortugas marinas caná –las más grandes del mundo–, de hechizantes atardeceres y paisajes selváticos que arrebatan los sentidos. El punto de partida es el muelle El Waffe en Turbo (Antioquia), pero también se puede salir desde Necoclí. Gastamos una hora de viaje en lancha bordeando el delta del Atrato y atravesando cinco de las 22 bocas que se le adjudican a este emblemático río.

Allí se vive otro tipo de turismo, diferente al de sol y playa de las grandes ciudades. Triganá también ofrece sol y playa, pero en medio de la selva virgen. Sus hosterías y cabañas turísticas no pavonean estrellas, pero hacen sentir al huésped como una estrella. Está a solo 20 minutos de Capurganá. Y es el destino de los que quieren aprender a bucear en el mar, pero también en su mundo interior. Este pedacito del Chocó y Urabá es un tesoro de esa Colombia inexplorada que con cierta timidez espera ser descubierta.

 

Datos de interés

 

 

TENGA EN CUENTA

-       Lleve ropa cómoda y de fácil secado, vestido de baño, sombrero y/o cachucha para protegerse del sol.

-       Cargue bloqueador solar y repelente en barra.

-       Use tenis para las largas caminatas y botas para zonas pantanosas.

-       Empaque bocadillos y agua en botella.

-       Un impermeable es de utilidad para cubrir sus pertenencias en los recorridos en lancha.

-       Lleve cámara fotográfica o de video para conservar los maravillosos paisajes.

-       Cargue dinero en efectivo de baja denominación.

-       No olvide la linterna. En algunas posadas hay luz eléctrica ciertas horas de la noche y de la mañana.

Cómo llegar

A Apartadó (Antioquia), desde Bogotá, vía Satena, hay un vuelo directo los lunes, miércoles y viernes.
Duración: 1:34 minutos.
Desde Medellín, tres vuelos diarios de domingo a domingo.
Duración: 49 minutos.
Se puede hacer conexión desde otras ciudades como Bahía Solano, Nuquí y Quibdó, para vuelos directos desde Medellín. www.satena.com

En Apartadó comienza nuestra travesía. Los trayectos se hacen en carro, en lancha y a pie.

Los hidrosenderos ecológicos de Bocas del Atrato, en Turbo (Antioquia), ofrecen la oportunidad de escuchar los latidos de la naturaleza.

 Dónde dormir

-En Apartadó, hotel Emberá. La habitación para una persona cuesta por noche $95.000 o $127.000 (con vista a la calle). Incluye seguro hotelero, IVA y desayuno. Tienen aire acondicionado.
Tel. (+4) 828 1588.

-En Necoclí, hotel Kaluwala, al lado de la playa. La habitación para dos personas cuesta $200.000 la noche e incluye desayuno, aire acondicionado y TV. Cel. 311 6361223.

-En Arboletes, hotel boutique El mirador. Tiene habitaciones desde $65.000 por persona. Incluye desayuno e impuestos. Cuenta con aire acondicionado y TV. Cel. 300 7302960.

-En Triganá, Chocó, cabañas Anayansi. En acomodación pareja cuesta 100.000 c/u el día. Incluye alimentación completa, tinto y aromática, recepción en muelle y caminatas guiadas a una reserva natural, a San Pacho, a Río Ciego o hasta el bosque de Los Gigantes. En acomodación triple, 90.000 c/u y para cuatro personas, 80.000 c/u. Cel. Cholo, 320 6979026.

Hostería Taliana, cada habitación es una cabaña independiente, por persona cuesta $103.000*, incluye alimentación completa, caminata diaria guiada y seguro de asistencia de viaje. Cel. Elena Jaramillo, 321 6366022.
*Después del 20 de diciembre incrementa $20.000.

 

Flor Nadyne Millán M.
Enviada especial de EL TIEMPO
En Twitter: @NadyneMillan